Demagogia barata
      es un artículo de Iker Gallastegi publicado en GARA el 15 de agosto del año 2001.


      Demagogia barata

      Cada vez que les escucho o leo a cualquiera de los dirigentes de EA, me quedo anonadado con las falsedades demagógicas que dicen y escriben. Y las repiten tan obsesivamente que da la sensación de que han llegado a creérselas hasta ellos mismos. Es una pena que dirigentes nacionalistas tengan que recurrir a la mentira y a injuriar al adversario para tratar de justificarse o excusar sus posicionamientos. ¿Será que carecen de argumentos más convincentes y honrados?

      Su ofuscación anti ETA les lleva a atribuirle machaconamente a ésta, y «a su entorno», supuestas motivaciones y presuntas intenciones que están en las antípodas de la realidad. Por ejemplo, que ETA se opone a «la solución democrática del problema vasco en claves de no violencia...» ¡Qué más quisiera ETA! ETA, como la inmensa mayoría de los pueblos que se han visto compelidos a ello, adoptó la lucha armada como única posibilidad de obligarle a dialogar y negociar al Gobierno español. Si existen posibilidades de negociar y pactar pacíficamente ningún pueblo se lanza a la guerra. Que nos aclaren estos políticos EArras si ha habido Gobierno español alguno que se haya avenido jamás a negociar «en claves de no violencia» una solución ecuánime al problema vasco o si es que el Gobierno español actual estaría dispuesto a hacerlo ahora, ni se puede esperar que lo haga en el previsible futuro. Si hubiese existido esa posibilidad, ETA ni siquiera hubiese nacido. Y si un Gobierno español se aviniese a negociar «en claves de no violencia», el problema de la lucha armada estaría automáticamente resuelto. Nadie se juega la vida si puede obtener justicia pacífica y democráticamente.

      Mienten conscientemente cuando aseveran que la causa, o la excusa, para no negociar que tiene el Gobierno español sea hoy, ni haya sido antes, la lucha armada de ETA. La realidad es todo lo contrario. La lucha armada se inició precisamente porque no había posibilidad alguna de dialogar. Y sigue existiendo porque continuamos sin posibilidad alguna de negociar. Si los partidos (vascos y españoles) que con petulancia se autodenominan «democráticos» han sido incapaces de proporcionar posibilidad creíble alguna de negociación con los diversos gobiernos españoles; si sus gestiones «en claves de no violencia» siguen fracasando, como lo han venido haciendo desde hace más de un siglo, ¿con qué razonamiento ni evidencia pueden atribuirle a la lucha armada de ETA, que dura apenas 40 años, la responsabilidad de que el Estado español no dialogue ni negocie?

      Los partidos nacionalistas moderados han perdido el norte y se solapan en un ficticio pacifismo y en una inexistente democracia. Ya no luchan por el derecho de la nación vasca a ser independiente. Su nacionalismo se ha degenerado tanto que se contentan con «gobernar» (¡es un decir!) en Vascongadas y perpetuar así su sumisión mendicante a Madrid y la partición de Euskadi peninsular. El enemigo ya no es el Estado español, el enemigo ahora son ETA «y su entorno». Por lo tanto, aliándose con los «demócratas», es decir, con el Gobierno y partidos políticos españoles, han decidido que tienen que derrotar a ETA policial y represivamente. El Gobierno vascongado, del que forma parte EA, se va a dedicar a ello primordial y quizás exclusivamente, pues así lo han dispuesto sus superiores madrileños.

      Entiéndalo bien, señores dirigentes de EA, el mal no está en la lucha armada en sí. Multitud de países han tenido que recurrir a ella para liberarse de un yugo extranjero. El mal está en la injusticia y en la falta de respeto democrático a los derechos de los pueblos subyugados, que son las causas que provocan la lucha armada. Es ahí donde está el gran pecado. La lucha armada no es más que una consecuencia lógica y legítima de esa falta de justicia. Esta consecuencia es tan lógica que incluso está prevista, diría yo que hasta pronosticada, en el Prólogo de la Declaración Universal de Derechos Humanos al considerar esencial que los derechos humanos (y resaltamos entre ellos a los mencionados en los artículos 15 y 30) sean protegidos por un régimen de derecho, «a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión».

      Esa misma ofuscación anti ETA les hace lamentarse, como lo hace el señor Knörr en su artículo publicado en GARA el 1 de este mes, de que Batasuna esté perdiendo una «oportunidad de oro de plantar cara a ETA». ¡Como si el gran enemigo de Euskal Herria fuese ETA y no el Estado español! Por si se les ha olvidado, Batasuna, así como sus precursores independentistas y la misma ETA, nacieron, lucharon y continúan luchando para plantar cara al dominio español sobre Euskal Herria, no los unos a los otros. Por si igual también se les ha olvidado, eso es lo que predicó Sabino Arana y para ello fundó el PNV, del cual EA es desgajadura.

      Aseverar que ETA «trata desesperadamente de que en nuestro país no haya una salida consensuada en las claves de lo que fue la Declaración de Lizarra...» raya en el cinismo. Si alguien se esforzó para que hubiese una salida consensuada basada en lo que fue la Declaración de Lizarra, ésos fueron EH y desde luego ETA, que incluso llegó a declarar y mantuvo durante casi año y medio una tregua unilateral mientras a sus militantes les machacaban. ¿Quiénes obviaron esas claves? ¿Quiénes ralentizaron e incluso paralizaron el progreso iniciado con la Declaración de Lizarra que fue ante todo una declaración y un proyecto de construcción nacional? ¿Quiénes se empeñaron en desvirtuar aquel Acuerdo para convertirlo en un instrumento para conseguir una prolongación «ad infinito» de la tregua de ETA (pero no de la represión hispana), una insípida «paz por la paz», una paz sin contenido, la paz del vencido, una paz que por ser artificial duraría menos que el tiempo necesario para redactarla?

      No es así como se consigue «una salida consensuada» (excepto entre quienes están ya «consensuados» de antemano). Una salida consensuada en Euskal Herria tiene que ser entre el Gobierno español y sus adláteres por un lado y quienes reclaman respeto a los derechos nacionales del Pueblo Vasco por el otro, es decir entre enemigos. Lo demás es cuento y escabullismo.

      Cuando una persona, o un partido, trata de justificarse y ensalzarse o justificar sus posicionamientos injuriando y denostando a sus contrincantes, tergiversando y mintiendo sobre lo que éstos pretenden, como lo hacen los dirigentes de EA, se están rebajando a sí mismo y además están dando muestras inequívocas de lo débiles que son sus argumentaciones y sus posturas. Lo que le fortalece a uno no son las pretendidas debilidades del contrario sino la solidez de los argumentos propios.

      Iker Gallastegi

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